
El Sábado fui a comer al restaurante de un amigo, aficionado a la fotografía, hobby al que dedica la mayor parte de su escaso tiempo libre. En el fondo de pantalla de su P.C, dónde simpre expone sus mejores fotos, pude ver un primer plano de una joven sonriente. Atractiva, de rasgos fáciles, posible cenicienta de castings, quizás destacable entre mortales pero vulgar entre Diosas.
¿Chica nueva le pregunté? Lo que dio pie a que me explicara sus virtudes como modelo amateur, y otros detalles que encajaban con lo que viene siendo su modus operandi para elegir "las musas". Como es habitual, era la conocida de la amiga de una amiga (generalmente sudamericana), que se prestaba a fotografiarse por amor al ego que no al arte. Y debido a que el tema me va o que el vino ya empezaba a hacerme efecto me enzarcé en un monólogo sobre la diferencia entre artistas y artesanos que más o menos se resumiría en que mientras que los primeros poseen un don especial para dar con la belleza allá dónde pasa desapercibida para el resto, los segundos sólo la encuentran dónde ya la había apreciado todo el mundo. Puntualizando además lo infinitamente más interesantes que resultan los retratos de viejos y niños en comparación con las de veinteañeras "semiguapas"imitando anuncios publicitarios en poses absurdas, imposibles y mayoritariamente repetidas.
Realmente adoro estas conversacíones sobre creatividad, inspiración , divinidad u otros abstractos...y además ultimamente estoy en racha, me vienen a la cabeza frases ajenas que siento como mias, o respuestas a preguntas que ni siquiera era consciente de conocer, e incluso a veces cuando miro a los ojos a algunas personas veo en imagenes sus propias experiencias, sueños o inquietudes. Tan claro como cuando nuestras miradas se cruzaron al despedirnos. Sólo entonces me percaté de mi torpeza y de la inutilidad del discurso. La sesión completa de fotos atravesó mi mente, en segundos. Vi la habitación del hotel dónde las lleva, la botella de vino helado, oi la música suave de fondo, y los comentarios alagadores que le hace a sus cuerpos y gestos, a ella y a las anteriores. Como se acerca a sus víctimas para cazar los mejores planos, como juega con el tono de voz convenciéndolas para quitarse ropa, ayudándolas si se dejan, colocandoles el pelo, guiando las posturas con sus manos. En definitiva, poniendo a su alcance mujeres que de otro modo ni habría soñado...
Lo que quizás no sepa aún, es que a veces la única forma de diferenciar al depredador de la víctima es resolver quien cobra y quien paga.
"Ahora como antes la verdad es evidente, cuanto más dulce es la lengua más afilado es el diente"
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